Psicología, te necesitamos

Necesitamos una verdadera psicología. Desde una perspectiva social, para contemplar aquello que nos inquieta, tenemos que ver más allá de nosotros mismos. Observar y tomar conciencia de que aquello que nos perturba no se deriva exclusivamente de nuestras acciones, pensamientos y emociones.

La psicología occidental ha confrontado desde primera hora esta problemática de forma sesgada. Curioso que sea de interés común al propio sistema político y social actual el que se acentúe los problemas psicológicos exclusivamente en las personas, sin extenderse a la influencia del propio contexto social. De esta forma todo encaja mejor, pues no interesa, a quienes ostentan el poder, que haya disciplinas que atenten contra el régimen establecido. Así, la psicología pierde su arma (alma) principal, que es sino contribuir a la mejora de las personas, no solo de forma individual, sino colectiva.

No es útil crear una psicología revolucionaria, que sea capaz de poner en tela de juicio el propio sistema en el que estamos literalmente sumergidos. Así, año tras año, se van licenciando psicólogos cuya misión es intentar, una vez ponen una consulta de psicología, que sus pacientes se readapten al medio. Y yo pregunto: si usted vive ya de por si en un ambiente contaminado, ¿mi misión como experto es indicarle que usted, que es mi paciente, se ponga una mascarilla y vuelva a lo irrespirable? No digo que no esté bien mejorar nuestra capacidad de adaptación, nuestra voluntad de afrontar las circunstancias difíciles, pero por favor, seamos conscientes de donde viene «el humo». Como psicólogos tenemos que tener la visión de ir más allá de la propia sintomatología de nuestros pacientes, y señalar la fuente, pues es natural, que las cifras de ansiedad y depresión aumenten a un ritmo vertiginoso.

La crisis, o mejor dicho, (hablemos claro), la estafa monumental a la que está sometida la población (con el conformismo o consentimiento derivado de su propio miedo o ignorancia), el consumismo, la falta de trabajo, la aceleración de la vida de las personas, o a la implantación de hábitos corruptos derivados de estas sociedades modernas, hacen, que los problemas psicológicos de la población aumenten. Esto significa que está incrementándose cada vez más el sufrimiento en las personas. Es decir, ser «un ciudadano correcto» en este mundo tiene su coste. Por ejemplo, la competitividad que establece hoy en día casi cualquier trabajo, es un efecto de la exigencia del mercado laboral de obtener el máximo rendimiento de las personas y obtener así los mayores beneficios económicos. Esto afecta por supuesto en el día a día, mira a tu alrededor, se esté trabajando o no, casi todo el mundo tiene prisa.

Por tendencia general, la psicología es un beneficiario de esta problemática, pues no ataca a la raíz del problema, solo se alimenta de sus efectos. Incluso desde algunos paradigmas psicológicos, se atreven a clasificar los diferentes trastornos prescindiendo de una visión más amplia. Por favor, no nos engañemos. ¿Cree usted que estoy exagerando? Toda clasificación psicológica de desequilibrios mentales que atiende a la enumeración, y definición de éstos sin que se atienda a sus verdaderas causas parece un acto de coleccionismo. Desde la óptica de esta argumentación, un trastorno es una desviación de aquello que es lo equilibrado, o más allá, correcto. Mi pregunta es, ¿cómo se puede ser equilibrado en una sociedad como esta? Algún colega sin ser demasiado avispado podría señalar: hay que estar poco cuerdo para adaptarse a este mundo deshumanizado y defender sus valores. Resulta paradójico que adecuarse a uno mismo pase por desadaptarse socialmente. Dejar de participar en aquello que te destruye es algo sensato. O cambiarlo.

Por supuesto, también podríamos hablar de que la sintomatología de los trastornos, son considerados como desviaciones. Perdone usted, pero los organismos de las personas hacen todo lo que pueden para generar homeostasis. Aquello que llamamos incorrecto no son sino mensajes y respuestas que emplea cuerpo y mente, que como mecanismos compensatorios o de defensa nos advierten de que algo hay que cambiar. ¿Tan solo son desviaciones? Por otro lado, el mismo hecho de catalogar a las personas a través de un diagnóstico ayuda a la construcción de significado de aquello que llamamos trastorno. Estos asuntos los trataremos más detenidamente en algún próximo artículo.

Así pues, necesitamos una psicología que esté verdaderamente a favor del individuo, y para eso hay que cambiar la rueda entera, en vez de estar continuamente pegando parches. Necesitamos una psicología que además de indicar los medios para superar obstáculos, señale la raíz de los muchos problemas psicológicos y que ayude a un verdadero cambio. Necesitamos ciencias y disciplinas, tales como la psicología, la sociología, la filosofía, etc., que rompiendo sus propias cadenas se unan para forman un equipo indivisible, aquel que trabaja a favor del verdadero bienestar humano y para su felicidad.

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