El Imperio de la Razón y el Pensamiento

Hemos pensado demasiado.

En la actualidad, nuestra capacidad intelectual racional ha invadido nuestra forma de proceder y actuar. El intelecto es un instrumento analítico que es usado para tomar decisiones importantes, para comunicarnos, para razonar, para adquirir valores, para muchas cosas más. También para predeterminar nuestra forma de comportarnos según los cánones sociales.

Generación tras generación, vamos adquiriendo una educación basada en determinadas percepciones sociales sobre lo que nos conviene y lo que no, sobre lo que debemos hacer en cada etapa de la vida, cuáles deben ser nuestros objetivos. Si aquello que se enseña socialmente está sesgado y despegado de nuestra verdadera naturaleza, comienza el desequilibrio. Por eso nos desequilibramos continuamente en las sociedades “avanzadas y modernas”.

Somos seres que viven continuamente en lo externo, preocupados por el trabajo, la familia, el dinero. Realmente, todo es externo a nosotros sin autoconocimiento. Pensadlo bien, si no nos conocemos, ¿quiénes somos?, personas que siguen lo deseable, lo aceptable socialmente, lo políticamente correcto. Mientras, nuestro ser interior queda totalmente invalidado porque no sabemos escucharle. No nos enseñaron a respetarlo. Nos educaron en leyes externas a nosotros.

El verdadero problema está en que, si la educación, en principio, no es una educación social que nutre a los individuos de las comunidades, y la sociedad está manejada desde el egoísmo, la ambición y el bien particular, aquellos que no se conozcan adquirirán una ideología que en muchos casos va en contra de sus propias necesidades como ser.

La importancia de conocerse a uno mismo es fundamental para la toma de decisiones, no ya racionales, sino basadas en sus emociones, en lo que siente. La verdadera conexión con uno mismo empieza ahí, en lo emocional. Pues son las emociones las que indican el grado de satisfacción que tiene tu ser frente a una determinada situación.

Claro está, incluso las emociones se pueden condicionar debido a férreas estructuras del pensamiento adquirido. Por ejemplo, si los estímulos sociales te indican constantemente, a través de los medios de comunicación, la necesidad de tener un cuerpo bonito, con unos cánones determinados, condicionan tus emociones favorablemente o desfavorablemente en función de cómo te percibas. Te venden que la felicidad está asociada a tener un “cuerpo 10”, y como casi nadie lo tiene, la mayoría de las personas sugestionadas por esta influencia están abocadas al fracaso y la frustración. Muchas empresas se frotan las manos de poder hacer recolectas económicas sustanciales debido al gasto que se deriva de intentar la transformación física: empresas cosméticas, farmacéuticas, de alimentación, etc.

Si las emociones son sugestionadas continuamente por los pensamientos, y los pensamientos están ligados a la educación y estímulos sociales que percibimos, el no conocernos nos hace exponernos continuamente a actuar como si fuéramos máquinas.

El pensamiento que se deriva de nuestra capacidad intelectual, es una dimensión humana totalmente moldeable. Es la parte más alejada de nosotros mismos, pues el mismo modus operandi de racionalizar algo y analizarlo no está intrínsecamente relacionado con el estado intuitivo del individuo. Por supuesto, el pensamiento está conectado con las emociones, y la influencia es bidireccional, pero si no abrimos verdaderamente las emociones a nuestra intuición o no sabemos escucharlas con sabiduría, muchas de ellas seguirán condicionadas por el imperio de la razón. La profundización en nuestro sentir desde la inteligencia emocional tiende a reequilibrar nuestras emociones.

Nuestra capacidad analítica e intelectual, como puente directo con la adquisición de valores y formas de comportamiento sociales, se ha hecho cargo de nosotros, de nuestras emociones, a tomado las riendas de nuestro ser. Por eso intentamos solucionarlo todo, analizando, evaluando. Por eso pensamos tanto. Demasiado. Y si tan solo es una capacidad, ¿porqué está al poder y no a nuestro servicio? Y si el pensamiento no lo situamos en el poder, ¿qué ocupará su lugar?

Si alguna vez os decidís iniciaros en la práctica de la meditación, en algún momento, leeréis u os dirán: “Dejad pasad los pensamientos, sin evaluarlos ni analizarlos”. Es precisamente por eso, para entender que la sabiduría más alta no parte de un análisis deductivo, sino que se intuye desde conocimiento de ti mismo más allá de la razón, un viaje sin tanta palabra.

Os dejo para terminar un interesante vídeo sobre esto que estamos hablando de pensar demasiado:

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